Productores de distintas generaciones y actividades cuentan cómo se preparan para la identificación electrónica individual obligatoria. No solo incorporaron chips y bastones, sino también un sistema para gestionar los datos. Costos y beneficios de una tecnología que llega con un pan bajo el brazo.
Napoleón Blanchard.
Napoleón Blanchard (43 años), criador y cabañero en Azul y Olavarría, Buenos Aires, y Néstor Roggero (69 años), invernador en Freyre, Córdoba, explican por qué se anticiparon a la puesta en marcha del Sistema Nacional de Identificación Electrónica. Desde Valor Carne difundimos sus experiencias por tratarse de dos generaciones con distintos planteos que implementaron las mismas soluciones para mejorar su gestión. Otra coincidencia, la pasión por digitalizar la ganadería.
“Tenemos 2.000 vacas, con muchos rodeos. Y cuando traíamos uno a la manga, a pesar de los controles mensuales, la planilla indicaba que debía haber 170 encerradas, pero nos encontrábamos con 172. Y ahí, con el personal, decíamos: ‘Che, y estas dos ¿de dónde serán? ¿del rodeo 1, del 2, del 3? Entonces, había que contabilizar todas para saberlo”, recordó Blanchard, refiriéndose al motivo que lo llevó a adoptar las caravanas electrónicas a principios de este año.
“Las chipeamos al momento del tacto y, ahora, como arrancamos a destetar el rodeo de otoño, aprovechamos para avanzar con el ternero y digitalizar todo con el sistema de Gallagher, de Carreteles Rafaela”, reveló.
¿Por qué eligieron ese sistema? “Cuando tomamos la decisión busqué varias marcas, y me incliné por Gallagher, porque además de la caravana electrónica y el bastón me ofrecía una plataforma de gestión con aplicaciones que, entiendo, otros no tienen”, respondió el empresario.
En tal sentido, cuenta con herramientas de filtrado de animales de determinadas características. “Por ejemplo, antes, durante el tacto identificábamos las vacas cabeza, cuerpo y cola con caravanas visual de color y si se perdía alguna entrábamos en la disyuntiva: ¿ésta será cuerpo? ¿será cola? Ahora, en la misma pasada por la manga registro la información en el sistema y eso me agiliza muchísimo el aparte”, reveló.
Otra cuestión importante es el diferencial que ofrece para la cabaña. “Me incliné a comprar Gallagher porque puedo manejar el pedigree de forma muy similar al sistema de Sociedad Rural Argentina. Son compatibles”, reveló.
Gonzalo Imhoff, de Carreteles Rafaela.
Mediante una solapa, Blanchard registra la caravana electrónica que corresponde a determinado torito o ternera, detallando ascendientes, entre otros datos. “Hacemos ventas particulares y en la camada que salió este año gestionamos el catálogo online. Por ejemplo, si eligen el toro Polled Hereford 39, lo busco en la plataforma de Gallagher y le puedo decir al cliente ‘midió tanto de circunferencia escrotal, se le hizo tal tratamiento sanitario’, tengo todo ahí al instante. Es muy práctico”, señaló.
¿Cómo aprendieron a manejar los datos? “Cuando compré los equipos, a través de la veterinaria de Azul, como es algo nuevo para nosotros, me derivaron con Gonzalo Imhoff, el técnico de Carreteles (Rafaela). Y por más que vienen con un manual muy didáctico, con tutoriales, videos, uno a veces con el afán de tomar datos, se sobresatura”, alertó. Entonces, prosiguió: “hicimos un Zoom, donde se incorporaron otros clientes que tenían inquietudes semejantes y fue bárbaro, muy claro. Incluso ahora si le mando un WhatsApp a Gonzalo a las 7 de la mañana, media hora después ya me está respondiendo, a pesar de que viaja mucho y da conferencias”.
Con respecto a la gestión de la información, comentó: “Estoy tan contento con el sistema que, por lo pronto, lo uso yo exclusivamente, es como chiche nuevo. Y cuando el personal hace un trabajo de manga y carga los datos lo puedo ver al instante en la computadora o en el celular”.
Para finalizar, Blanchard, como titular de Cabaña La Armonía, una empresa centenaria, resaltó el valor práctico de la digitalización. “Mas allá de que sea obligatorio implica un salto en la gestión y nos permite garantizar a los clientes que hacemos las cosas bien”, enfatizó.
Chipeando la invernada
Néstor Roggero (derecha) junto a su hermano Carlos.
Roggero produce novillos de exportación sobre pasturas desde 1962, digitalizó su rodeo hace dos meses y hoy cuenta su historia.
“Mi padre tenía un tambo y hasta hace un año y medio hacíamos Holando para cuota Hilton, pero el mercado cambió y pide un animal más carnicero, con más grasa intramuscular. Empezamos a comprar terneros cruza, de 150 kg promedio, aunque no es fácil conseguirlos en la zona, si llegan desde el norte, son más índicos, y desde el sur, más británicos. Con diferentes razas, pesarlos, ver cuánto van ganando, se volvió crucial”, dijo Roggero, al frente de “Don Ricardo”, un campo familiar que vende unos 1.000 novillos por año. “El frigorífico nos exige una media res de 130 kg y para eso tenemos que llegar casi a los 480-500 kilos, en vivo”, justificó.
¿La solución? “Sabemos que las caravanas electrónicas serán obligatorias y nos adelantamos porque vimos sus ventajas, estuvimos recorriendo feedlots donde las leían y pesaban fácilmente. Nos gustó”, recordó. Y agregó: “analizamos varios equipos, todos funcionan bien, pero el de Gallagher es más moderno, tienen más aplicaciones. Mis hijos y mi sobrino, la generación joven del establecimiento, se pusieron en contacto con Carreteles Rafaela”.
Así las cosas, el cambio tecnológico vino de la mano de agilizar los registros de las pesadas. “Ya teníamos una balanza electrónica para controlar los animales individualmente y la adaptamos al nuevo sistema. Compramos las caravanas electrónicas, el bastón y el monitor. Hoy en día, el animal que pisa la balanza, se lee con el bastón, hace pip pip, y automáticamente sale cuántos kilos tiene y la identificación en el monitor. Es asombroso”, exclamó, detallando que pesan al ingreso, cada mes y al momento de salida. “Vamos viendo cuánto ganan y podemos planear mejor las ventas”, subrayó.
Con respecto al impacto en el manejo diario, señaló: “Por mi edad, soy del lápiz y el cuaderno. Pero leer con anteojos una caravana botón de un animal cruza de quinientos kilos, todo embostado, que además es difícil de agarrar en el cepo, mete la cabeza debajo de otro y hasta te puede dar un cabezazo, era un desafío. Ahora, solo hay que encerrarlo en la manga, acercarle el bastón y ya queda registrado. Los animales están mucho más tranquilos”, aseguró.
Para Roggero, otra ventaja que comprobó en su establecimiento es el registro de la vacunación contra la aftosa. “Antes, en la tranquera de salida, me subía al caballo y tenía que ir contándolos, para después asentar la cantidad de hacienda en el acta de vacunación. El otro día cuando vino el vacunador pasamos el lector detrás de la aplicación y quedó registrado. No necesito más el lápiz.”, exclamó.
¿El aprendizaje? “Primero lo hicieron los jóvenes, pero ellos no siempre están y tengo que despachar, vendo 35 novillos cada quince días. Es muy sencillo aprender, si sabés usar el homebanking, podés manejar el sistema digital para el ganado. La lógica es muy similar”, avisó.
¿Costo-beneficio? “La caravana electrónica resulta insignificante frente a cualquier animal que vale más de un millón de pesos. Y nosotros compramos el equipo completo para gestionar los datos, el mejor, son unos 10 millones de pesos para 1.500 animales. Pienso que no es un gasto, es una inversión. Lo que está en juego, va más allá del beneficio de la empresa, tiene que ver con el bienestar animal y el de las personas que trabajamos en ganadería”, concluyó.
Por Ing. Agr. Liliana Rosenstein, Editora de Valor Carne
Publicaciòn de «Valor Carne» de fecha 06-11-2025








