A partir de una tarea de selección de 30 años, basada en poblaciones uniformes, lograron reproductores eficientes para sistemas productivos muy diversos. Los remates itinerantes, otra forma de llegar a todo el país y validar el desarrollo.
Roque Cassini.
El camino que llevó a Roque Cassini a la ganadería no es el habitual. Abogado de profesión, su actividad se dividía entre su estudio jurídico y empresas de medios que adquirió en sociedad en la década del 80. Pero a mediados de los noventa, buscando un resguardo del capital obtenido con la venta de las radios Splendid, FM Latina y FM Tango, decidió invertir en un campo de Bonifacio, Buenos Aires.
Con el tiempo, aquel proyecto fue creciendo y hoy maneja una empresa familiar integrada que combina agricultura, producción de carne y genética a través de la cabaña La Cassina. Trabaja unas 10 mil hectáreas entre campos propios y arrendados, emplea a 35 personas, desarrolla un rodeo de alrededor de 3.200 madres Angus, Hereford, Braford y Brangus, de pedigree y puros por cruza, y comercializa unos 800 reproductores por año. Además, termina novillos pesados en un corral propio a partir de la compra de terneros. En total, produce más de 1,3 millones de kilos de carne anuales, entre animales para faena y reproductores.
Pero, para Cassini, el diferencial de la empresa no está en la escala, sino en la estrategia que comenzó a construir junto al veterinario y asesor Baltasar Beltrán, cuando pensaron en la mejor forma de incorporarse al mercado de reproductores. «¿Cómo podíamos competir con establecimientos que llevaban cien años haciendo genética? La respuesta fue no esperar a que vinieran los productores a nuestro campo, sino salir a buscarlos», recordó el empresario en diálogo con Valor Carne.
A partir de esa decisión, en lugar de concentrar la venta en la propia cabaña, comenzaron a organizar remates en distintas regiones ganaderas. Con el tiempo, esa red se extendió por Buenos Aires, La Pampa, Córdoba, San Luis, Entre Ríos, Corrientes y el norte del país.
Según Cassini, esa expansión también responde a un objetivo técnico. “Queríamos comprobar que una misma genética podía funcionar con eficiencia en sistemas productivos muy diferentes, sea en campos de alto potencial e incluso en los más restrictivos”, señaló, aludiendo a que el manejo, la nutrición y la sanidad le permiten al productor maximizar la productividad en cualquier ambiente.
Poblaciones antes que individuos
Baltasar Beltrán.
Beltrán resume la filosofía de trabajo para conseguir ese animal flexible con una definición sencilla. «Hay cabañas que buscan producir un gran campeón. Nosotros buscamos mejorar una población. De ahí surge el biotipo seguro y confiable, con el sello de La Cassina», afirmó.
En ese sentido, el programa genético estuvo orientado desde el inicio a construir rodeos uniformes, de animales moderados, fértiles, precoces y funcionales para los ganaderos comerciales. «Cuanto mayor es la población, mayor presión de selección se puede ejercer», explicó el veterinario, resaltando que ese criterio se refleja en aspecto de los rodeos.
“La uniformidad es una de las características más destacada de La Cassina. Pero también hay años de selección sobre atributos concretos, facilidad de parto, crecimiento, fertilidad, capacidad de terminación, adaptación a distintos ambientes y, más recientemente, calidad de carne y eficiencia de conversión”, detalló.
Para ello, la incorporación de evaluaciones objetivas sigue profundizándose. Hoy la empresa participa en programas de medición de consumo residual (RFI) en el INTA Naredo y el CENAB, de Biofarma, y presta especial atención al marmoreo, un atributo que, según Cassini, “pasó a ocupar un lugar central a medida que crecieron las exportaciones de carne vacuna”.
¿El origen de la genética? El núcleo está conformado por Angus negro y colorado, desarrollado con una fuerte influencia de la cabaña estadounidense OCC. Para la campaña 2026, los principales padres son Double Wide, Decreto, Kyoto y Kundo.
En Hereford, el trabajo se basa en líneas de origen estadounidense, con reproductores como Alabama y Felton 480, mientras que los padres Fundamentalista, Bandolero y Funcional aportan área de ojo de bife, crecimiento y funcionalidad.
La propuesta para el norte del país se completa con Brangus colorado y Braford. El primero se desarrolló a partir de genética de la cabaña Tres Cruces y se multiplicó mediante trasplante embrionario utilizando líneas de Corral de Guardia y Las Lilas. Entre los padres de la campaña 2026 se destacan Viamonte, Cañonazo y Midas.

Finalmente, el rodeo Braford nació sobre las vacas Hereford Puro Registrado de La Cassina mediante el cruzamiento sistemático con padres Brahman de la línea Houston, alcanzando las categorías de controlado, registrado, avanzado y definitivo, con Midas como principal padre para la próxima campaña.
La búsqueda de mejoras no termina en la genética. Por eso, la empresa trabaja con asesoramiento permanente en nutrición, reproducción y manejo, participa en grupos técnicos, capacita a su personal e incorpora tecnologías de acuerdo con las necesidades de cada sistema.
«Cada vez que aparece una herramienta nueva tratamos de entender si nos puede hacer mejores», resume Cassini, además de resaltar el trabajo conjunto con las asociaciones Angus, Hereford, Brangus y Braford.

Patricia Cassini, con uno de los toros Hereford representativos de la genética de la cabaña.
El cambio viene del mercado
Para Cassini, el mercado internacional modificó buena parte de las prioridades de la selección genética. Durante décadas, la ganadería argentina estuvo orientada principalmente al mercado interno. Hoy, con una mayor inserción exportadora, considera que ya no alcanza con producir más kilos. Además, hay que lograr un producto capaz de competir por calidad.
«La carne argentina siempre fue reconocida, pero el mundo también paga por marmoreo, terneza y consistencia. Eso obliga a empezar la mejora mucho antes del frigorífico», sostuvo.
En ese contexto, la genética deja de ser una herramienta exclusiva de las cabañas para convertirse en una decisión económica del productor comercial.
Cassini asegura que esa evolución ya se observa en los remates, más allá del círculo de criadores de elite. «Antes la gente miraba el toro. Ahora primero mira la información genética», afirmó. Según su visión, el creciente interés por vientres puros controlados y registrados también responde a esa lógica: “el productor busca incorporar animales con datos objetivos que permitan acelerar el progreso de sus rodeos”, resaltó.
Esta nueva demanda, quedó claro el año pasado, cuando la cabaña alcanzó un 98% de colocación promedio en los siete remates que realizó en distintas regiones del país, con ventas totales en 9 de Julio, Cacharí, Daireaux y Trenque Lauquen.
Con ese empuje, el próximo 16 de julio en Bonifacio, la Cassina comenzará con su ciclo de remates 2026, con la puesta a la venta de reproductores Angus y Hereford de pedigree, puros controlados y puros registrados. Es el inicio de un cronograma de ocho encuentros en las principales plazas ganaderas de Buenos Aires, Córdoba y Entre Ríos. El objetivo es ambicioso: alcanzar los mil reproductores vendidos en total.
Lo que comenzó hace tres décadas como una inversión para resguardar el patrimonio, terminó convirtiéndose en una empresa familiar pujante. Hoy, la conducción está encabezada por Roque, junto a su esposa Patricia, responsable de la gestión de la cabaña, y a ellos se suma su hijo Ernesto. «Uno trabaja para dejar una empresa, no solamente un campo», resume Cassini, para luego concluir: “se trata de un proyecto que encontró en la genética una forma de agregar valor, pero también de construir un legado”.
Publicaciòn de «Valor Carne» de fecha 09-07-2026








