Un estudio pone números al efecto de restringir el espacio de comedero por animal en la ganancia de peso diaria durante el engorde y la recría. “Entender cómo impacta en el negocio el tiempo esperando para comer y la competencia por alimentarse permite tomar mejores decisiones”, afirman.
Con una relación de precios entre granos y hacienda favorable, los feedlots operan al máximo de su capacidad y muchos se enfrentan al dilema de sobrecargar sus corrales. El CENAB (Centro experimental de Biofarma) llevó adelante un novedoso estudio sobre un total de 1.440 cabezas para medir las consecuencias de la restricción del espacio de comedero en el engorde y la recría. ¿Cómo impacta el confort animal en la productividad?
“Hicimos un primer ensayo con animales en terminación que nos permitió ver como a medida que se achica el frente de comedero disminuye la ganancia de peso diaria: pasó de 1,58 kg/día, cuando se asignaron 35 cm por cabeza, a 1,46kg/día con 20 cm”, alertó Juan Bollatti, líder del equipo de investigadores, sintetizando los resultados de la experiencia.
Un aspecto a remarcar es que tanto en los animales que ingresaron más livianos -para consumo interno- como en los más pesados -con destino a exportación- la caída en la ganancia de peso a medida que se restringía el frente de comedero, fue similar.
Muchos feedloteros notan esta tendencia en sus corrales y piensan que se debe a que los animales dominantes entran primero, comen todo lo que desean y después no alcanza el alimento para los de atrás. “Pero no fue el caso de nuestro estudio porque el engorde fue diseñado permitiendo el consumo a voluntad, para ver dónde estaba el problema y poder medirlo”, aclaró.
El estudio
Se trabajó con 720 animales en terminación -con pesos iniciales de 250 kg hasta 350 kg- distribuidos en 24 corrales de igual tamaño, o sea, que cada uno disponía de 13,3 m2. “El espacio individual no cambió, pero sí el frente de comedero que era la variable a evaluar”, indicó. ¿Cómo se achicó? Tal como se ve en la imagen, se utilizó una chapa que limitaba cuánto se usaba del largo total para asignarles 20, 25, 30 o 35 cm por cabeza.
“Si al principio un animal no podía entrar, luego cuando se liberaba el lugar, iba y tenía comida disponible. Por lo tanto, aún con menos espacio de comedero, al final del día todos comieron lo mismo”, contó, reiterando que, sin embargo, “cuando estaban más apretados ganaron menos peso y perdieron eficiencia”.
A nivel de campos comerciales, si el productor sobrecarga sus corrales, se achica además el espacio por animal dentro de los mismos, sumando otro efecto negativo. “Pero esto es difícil de estandarizar a nivel experimental, porque no depende solo de la superficie individual sino de la infraestructura. Si tienen buena pendiente y están limpios es una cuestión, y si están embarrados y encharcados es otra. Por eso evaluamos el frente”, aclaró.
Así las cosas, el resultado fue contundente: a mayor espacio de frente de comedero, al mantener el consumo constante, la conversión alimenticia mejora por el incremento de la ganancia de peso.

En la recría
En cuanto a la recría, se evaluaron otros 720 animales, de diferentes orígenes, distribuidas en 18 corrales, o sea, que todos disponían de 10 m2/cabeza. El frente de comedero también se achicó mediante el uso de chapas, a 50, 33 y 17 cm por cabeza, En este caso, el ensayo se manejó con un dieta moderada en energía y un consumo limitado, a 5 kg/d de materia seca (2,3% del PV), para lograr una ganancia promedio de 750 gramos por día, como es habitual en corrales comerciales.
“En la foto se ve un frente de comedero achicado a 17 cm por cabeza. Hay una fila de animales comiendo y una o dos más esperando, pero en este caso -al estar el consumo restringido por corral- esos relegados no comen lo suficiente o directamente encuentran el comedero vacío”, explicó.
En concreto, en este ensayo se halló que el impacto de achicar el espacio de comedero en el aumento diario de peso no era importante como en el engorde.
“No hubo diferencias en los promedios de cada corral, pero se incrementó la dispersión individual y hubo animales que ganaron de menos y otros de más, lo que se reflejó en la desviación estándar”, detalló Bollatti, alertando que esto se contrapone al objetivo de una buena recría: que los animales crezcan en forma pareja sin engrasarse.

“Los animales que tenían buen espacio para comer, que lo hacían cómodamente, no presentaron mortandad, los otros sí, o hizo falta apartarlos”, pormenorizó.
Un aspecto que va de la mano con esta dispersión, quizás uno de los más importantes, es que los animales que ganaron más peso se “sobreengrasaron”, evidenciando una falla clave de la recría a corral.
El confort animal
“Aunque actualmente los números de la ganadería intensiva sean buenos, con corrales operando al máximo, descuidar la productividad trae consecuencias”, subrayó el investigador.
En ese sentido, el animal es más eficiente cuando está descansando y tras el reparto de la comida se levanta, da unos pasos, come tranquilo, toma agua y se acuesta a rumiar.
“No debería estar parado esperando, caminando o peleando para comer, que es lo que sucede cuando limitamos al espacio de comedero u otras comodidades. Todas las cuestiones que interfieren en sus hábitos naturales derivan en pérdidas de eficiencia”, advirtió.
Para finalizar, Bollatti resaltó que este estudio busca cuantificar el impacto del confort animal en la productividad. “Pusimos números a un dilema del día a día, o sea, cuánto cargar los corrales, mirando el todo. La idea es contribuir a que las empresas puedan tomar decisiones en esta coyuntura y planear futuras instalaciones”, concluyó.
El equipo de investigadores
Ing. MSc. Juan Bollatti
MV. Ramiro Andreola
MV. Román Irurtia
Centro Experimental de Nutrición Animal, CENAB, Biofarma
Publicaciòn de «Valor Carne» de fecha 18/06/2026












